Por Pedro Moreno.

El pasado 26 de diciembre siete tragaleguas salieron de Burgos en dirección a Olveiroa (La Coruña) con el fin de conseguir la Muxiana y de esta forma completar la trilogía de diplomas de peregrinos del camino de Santiago, ya una vez obtenidas la Compostelana y la Fisterrana.

A las nueve de la mañana, según lo previsto, la expedición burgalesa partió hacia el occidente y tras las paradas de cortesía en Los Juanjos y en Vega de Valcárcel llegamos a Santiago poco antes de las 14 horas, una hora perfecta para detenerse a degustar la gastronomía gallega en Casa Manolo y, con el hambre bien saciado, pasar por la catedral a saludar al Santo y disfrutar sin prisas de un paseo por la bella ciudad universitaria.

Ya con la luz del sol debilitándose emprendemos el último tramo del trayecto que nos lleva a Olveiroa, adonde llegamos con noche cerrada y en donde una envolvente fina lluvia nos recuerda la tierra que pisamos. Allí un cordial Antonio nos recibe, nos da habitación y acto seguido acompaña con su coche a Jesús y a Javi a Muxía, destino final de la jornada siguiente, para traerlos de vuelta tras dejar allí la furgoneta con ropa de recambio. Los cinco restantes tomamos algo en un bar de Olveiroa y damos un pequeño paseo entre la lluvia.

De nuevo todos juntos tomamos un alvariño en el albergue y salimos a cenar al mismo bar de antes donde nos reconfortamos con un humeante caldo gallego, carne y flan.

Pasadas las once de la noche ya hay que ir pensando en descansar, pues al día siguiente toca madrugar y la jornada se presenta larga y dura.

A las siete de la mañana empieza el movimiento y un cuarto de hora más tarde Antonio ya está sirviéndonos los cafés con las tostadas y los zumos. Las previsiones meteorológicas aciertan y afuera la fina lluvia parece querer buscar por largo rato nuestra compañía.

Bien pertrechados y con buen ánimo a pesar de todo iniciamos pasadas las ocho la última de las peregrinaciones gallegas. Con la noche oscura como boca de lobo y tras alguna duda y rectificación, encontramos el camino correcto que en suave ascensión nos lleva en paralelo al cañón del río Xallas que por falta de luz más se barrunta que se ve.

Las primeras luces del día coinciden con el paso por la primera población, O Logoso, y, levantado el telón, se nos revela el típico paisaje gallego con sus suaves ondulaciones, bosques y verdes prados.

Entre tregua y tregua de la lluvia el camino va atravesando pequeños núcleos urbanos y poco antes de las diez alcanzamos Dumbría, capital del concello que lleva su nombre donde el grupo Inditex sufragó la construcción de un moderno albergue que por cierto estaba cerrado.

Y entre subidas y bajadas, bosques y prados, lluvia y atisbos de sol, hórreos e iglesias caían los kilómetros hasta que en Muiños, cumplidas ya tres cuartas partes del recorrido, hicimos parada para reponer energías en forma de enorme bocadillo con pan de torta.

Eran ya casi las cinco de la tarde cuando entrábamos en Muxía. Después de cambiarnos el calzado mojado para gran alivio, nos dirigimos al lugar donde entregaban la Muxiana, objetivo último de nuestro viaje y con el bien ganado diploma en nuestro poder solo quedaba como colofón el encuentro con Daniel Miguens y su novia Cristina, los perfectos anfitriones para mostrarnos la villa de Muxía. Paseando llegamos hasta la ermita de la Virgen de la Barca desde donde estuvimos contemplando el hipnótico espectáculo de poder del mar, ese mar masculino que tantas cosas buenas nos da a cambio de algunos lutos.

Y después de disfrutar de la compañía de Dani y Cristina solo quedaba por cumplir el último de los ritos, el baño purificador en el mar, algo que hicimos ya de noche y no del todo, pues el único que se bañó entero fue el valiente de Jesús.

Con la furgoneta enfilamos hacia Cee y allí tras un ligero paseo paramos a cenar y a continuación camino de vuelta al albergue de Olveiroa adonde llegamos pasadas las 23 horas. Tras una reconfortante ducha caliente el estado de ánimo mejoró y las bromas y chascarrillos continuaron durante un rato hasta agotarse de forma natural y dar paso al merecido descanso.

Para nosotros el día 28 empezó a las siete de la mañana y al ir a desayunar vimos a cuatro peregrinos que iban a hacer lo mismo que nosotros.

Después de recoger todo y de despedirnos de Antonio pusimos rumbo a Finisterre

Subimos al faro recordando las vivencias y anécdotas de las anteriores visitas al lugar y al bajar de la furgoneta un potente vendaval nos recordó que estábamos a las puertas del fin del mundo. Jesús saludó a una peregrina coreana y nos recreamos durante un rato del paisaje marino y del viento hasta que llegó la hora de pensar en tomar el largo camino de regreso.

A las 11 de la mañana comenzamos el regreso y sin más paradas que para repostar y con nuestro conductor en plena forma, hicimos tirada larga hasta “Los Juanjos” donde sabemos que siempre se portan muy bien con nosotros y nos echan de comer lo que queramos. Y mientras hacíamos la digestión nos acercábamos al final recordando al mirar por la ventanilla las fatigas y las lluvias de aquellas primeras etapas por las tierras de Campos.

A las 18 horas volvimos a repostar en Villalonquejar para dejar el depósito lleno, hicimos cuentas y Jesús nos fue acercando a cada uno en su casa dando por concluído nuestro viaje horizontal.

2012-12-26 Muxiana
     


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