Por Javier López Barbero.
 
Qué mejor manera de disfrutar de una carrera que disputarla en un lugar donde uno tiene amigos. Esta fue la principal razón de elegir Valencia para realizar el cuarto maratón de mi vida.  Gracias a Pablo, a Mingu y al resto de gente del equipo de rugby de la Universidad Politécnica de Valencia, que nos hicieron sentir como en casa.
 
La noche anterior al maratón se desató una tormenta espectacular que hizo temer tanto a los organizadores como a los corredores (yo todavía me acordaba de la Behobia) con una carrera pasada por agua. Pero no. El día 18 de noviembre salió soleado, con el cielo casi despejado del todo a primera hora de la mañana y siguió así durante toda la mañana haciendo que la prueba se pudiese disputar en unas condiciones ideales.
 
Llegué con tiempo suficiente a la salida para dejar la ropa, calentar y colocarme en mi cajón de salida a la espera del disparo de salida. Precisamente en la salida se produjo la anécdota de la carrera. Había preparada una mascletá para el comienzo, y una falta de coordinación entre el juez de salida y la persona encargada de encender la mecha de la traca hizo que al sonar antes esta que el disparo del juez, los atletas africanos empezaran a correr antes de tiempo. Afortunadamente los jueces consiguieron pararles, y después de conseguir la nada fácil tarea de hacer que todos los corredores retrocedieran para colocar a los primeros otra vez detrás  de la línea de salida, se pudo volver a dar el comienzo de la carrera. Los corredores nos tomamos con humor la situación como no podía ser de otra forma.
 
En el primer kilómetro coincidí con Mounir, un corredor de Marruecos con el que empecé a dialogar en inglés, y al saber que ambos teníamos más o menos el mismo tiempo por objetivo decidimos hacer la carrera juntos. Nos convertimos en Zipi y Zape y no nos separamos hasta el último kilómetro. Al principio él me iba marcando el ritmo y más de una vez tuvo que frenarme cuando yo en algún momento aceleraba mi ritmo más de lo que debía. Teníamos el objetivo de acabar sobre las tres horas y media y para ello debíamos mantener una velocidad constante de 12 kilómetros a la hora. Fuimos atravesando las calles de Valencia, unas con mucha gente animando y otras (sorprendentemente por el centro de la ciudad) aparecían casi desiertas. Al alcanzar la media maratón en 1hora y 45 minutos sabíamos que si conseguíamos mantener el ritmo en la segunda mitad de carrera realizaríamos el tiempo deseado. Así fueron pasando los kilómetros y mientras yo poco a poco me iba encontrando mejor, mi compañero de fatigas empezaba a revelar síntomas de flaqueza. Por una parte yo quería acelerar porque me veía bien de piernas para intentar bajar lo más posible mi marca pero después de lo que Mounir había hecho por mí, marcándome el ritmo durante 30 kilómetros, no podía responder a ese trabajo abandonándole cuando peor lo estaba pasando. Así que me dediqué a intentar llevarle a un ritmo constante y cómodo para él durante los kilómetros que faltaban. Al final conseguimos mantener el ritmo que llevábamos casi intacto y al llegar al último kilómetro tuve el permiso para cambiar al ritmo y lanzar el sprint. La llegada en la ciudad de las Artes y las Ciencias era espectacular. La recta de meta estaba colocada en una tarima sobre el estanque al lado del museo, me pareció un marco precioso y al llegar a unos diez metros de la meta abrí los brazos orgulloso. Lo había conseguido, había superado mi marca, pero lo más importante había sido la experiencia humana que había vivido, compartiendo la carrera con una persona a la que no había visto en mi vida y a la que a partir de aquel momento me iba a unir un vínculo deportivo. En estos tiempos en los que hay gente que busca diferencias entre las personas para intentar separarlas es importante darse cuenta de que si hay algo que tiene la capacidad de unir a personas de diferentes nacionalidades, razas, religiones…eso es el deporte.  La marca, si bien tampoco es relevante, fue de 3h. 30’41’’ y me sirvió para mejorar casi 7 minutos la que tenía en el Maratón de París. 
 
Por cierto que en Valencia había algún burgalés más. Aquí os dejo los tiempos:
Julio Martín Pozo (Anta Banderas) 2h.54’12’’
José Fernando Molinuevo Fernández (42195.es) 3h.23’47’’
Javier López Barbero (Tragaleguas) 3h.30’41’’
Óscar Marcos Martín 3h.32’29’’
Bruno Hernando Izcara 3h.51’36’’
Eduardo Hernando Izcara 4h05’51’’
Jairo García Merino 4h.28’57’’
 
Por cierto que no se me olvide dar las Gracias a Carlos (Anchoa) por su labor de fotógrafo, chofer  y fan número 1.
 

 

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Una respuesta.

  1. Mbel dice:

    Enhorabuena, campeón! Me ha gustado mucho este párrafo: _" Lo había conseguido, había superado mi marca, pero lo más importante había sido la experiencia humana que había vivido, compartiendo la carrera con una persona a la que no había visto en mi vida y a la que a partir de aquel momento me iba a unir un vínculo deportivo. En estos tiempos en los que hay gente que busca diferencias entre las personas para intentar separarlas es importante darse cuenta de que si hay algo que tiene la capacidad de unir a personas de diferentes nacionalidades, razas, religiones…eso es el deporte.  La marca, si bien tampoco es relevante ( …. )"_.
    Eres un grande!!


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